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La vida real

Siguiendo el camino..

Siguiendo el camino..

Bajo del avion en Ezeiza, agarro la valija, voy a apretar el botón, ¿saldrá verde? ¿saldrá colorado? ¿saldrá verde? ¿saldrá colorado? pero me veo interrumpido por la señora que guarda el botón que me dice que no hace falta, asique cruzo las puertas automáticas y bienvenidos a casa. Mamá está ahí, Papá también, algunos más que se tomaron el trabajo un martes a la tarde de hacer una visita al aeropuerto para buscarme. Besos van, besos vienen y nos subimos al auto. Cinco kilómetros más tarde alcanzámos al tráfico, General Paz está cortada por un reclamo de no se quién pidiendo no se qué, bajo la ventana para respirar un poco de smog de autopista y sonrío. Buenos Aires sigue siendo bien argentina. Seguir leyendo »

San Seacabó.

Y ahora a donde vamos?

Y ahora a donde vamos?

Esta fue mi crónica de una ida y una vuelta alrededor del mundo en siete meses. Quizás no fue la mejor, ni la más larga, ni la más nada, y sin embargo fue la más mía. En el mismo sentido, el blog no habrá sido el más original, ni el más extravagante ni divertido, y aún así fue el más mío.

Cerrar el viaje y el blog me trae a la vez angustia y tranquilidad. Angustia por haberme encariñado con hacerlo, mi dosis semanal de dejar las manos volar sobre el teclado al ritmo de una cabeza que no entiende de correcciones ni ediciones. Tranquilidad por cerrar una etapa que linda y larga fue, pero que me privó de muchos otros aspectos de mi vida que quiero retomar. Seguir leyendo »

Estocolmo

La bandera del primer barco que llegue..

La bandera del primer barco que llegue..

“Ayer pasé por tu casa, y me tiraste con un bidé” reza alguno de mis hermanos en cada ocasión que puede y no puedo pensar en otra cosa cuando aterrizo en Suecia, país de origen de todas esas suecas que supieron sacarme el aliento. Y es que más de una vez durante el viaje me han hecho el comentario de cuántas rubias se ven en Buenos Aires. “Si supieran”, pienso yo. Mi hermano lo hace con menos tacto y más humor. Pero supongo que de cualquier forma está bien. Seguir leyendo »

Islas Baleares

Atardecer en Ibiza

Atardecer en Ibiza

Los pocos pozos de aire que sufre el avión son suficientes como para arrancar a la mitad de los pasajeros la fiebre que deberían haber guardado para después del aterrizaje y algunos empiezan ya a cantar, reír y molestar como si la fiesta hubiera ya empezado. El avión va a Ibiza y todos estos chicos vienen por una misma razón. Descocar.

Pero yo bajo del avión, agarro las valijas y, por primera vez en mucho tiempo, sonrío al cruzar la salida. Esta vez me vinieron a buscar. Sandra me lleva en su autito a las afueras de la ciudad de Ibiza donde su madre tiene una casa de ensueño. Me tiro a la pileta para bajar un poco el calor y agradezco a los Sevillanos por habernos presentado. Ibiza empieza a tomar color. Seguir leyendo »

Madrid

Fuente enfrente a Atocha

Fuente enfrente a Atocha

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Calderón de la Barca

Terrible pero cierto, comparto el destino de Segismundo siendo rey. Después de años encarcelado (tengo que admitir que me gustaba mi prisión y que a mi Clotaldo, venga ser mi carcelero, le tengo en gran estima), se me da una oportunidad de conocer la vida de reyes, viajando por el mundo a gusto y placer llegando hasta el fin del mundo y mirando el mar más allá aún, donde los rumbos confluyen en mi torre. Seguir leyendo »

Costa Azul

El Casino de Monte Carlo

El Casino de Monte Carlo

Tres de la mañana y siento un pie sobre mi sábana empapada de humedad. La roca que hace las veces de almohada no se ablandó con la noche ni con el uso y aquella otra que me apreta en los riñones sólo me hace querer mear.

El pié sigue empujandome hasta que reconozco, en ese medio sueño que suponen las tres de la mañana, que no va a dejar de empujarme hasta que me despierte. Saco la cabeza de la sábana mojada y veo entonces la playa de Niza en todo su esplendor. Veo a Paz hablando con dos de las chicas alemanas que nos propusieron dormir en la playa, ya que tampoco consiguieron lugar en el hostel y a la tercera que me mueve, hoy reconozco que gentilmente con el pie, y me pregunta: ¿No sabés que pasó con nuestra mochila?
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Camino a Garda

Botecitos en el atardecer

Botecitos en el atardecer

Apunto con el dedo hacia el horizonte una vez más y me imagino conduciendo mi destino hacia la tierra prometida. Lago di Garda sería ése paisaje idílico, ese último refugio natural, ese descanso no tan merecido, esa cerveza en una silla destartalada en un muelle que se proyecta incluso más allá de mi imaginación. Todo eso sigue siendo Garda el día de hoy, ya que nunca llegamos. Seguir leyendo »